Tengo guardado un sitio angustioso, a un lado del fanatismo por despertar con el sonido del viento siniestro cada que respiras.
Nunca creí extrañar tanto la melancolía de los viajes largos en autobús, la sensación de derrota, a salir huyendo, extrañar la incertidumbre. Esa negativa constante que me decía que todo puede pasar, y que por ende, nada tiene un significado. Extrañar lo extraño. Añorar su depresión y las búsquedas de amor desesperado por la madrugada. Amor que ni existía.
Atesorar recuerdos como reliquia de abandonar la ciudad sin mensaje alguno, viajar toda la noche y despertar lejos. Enamorarme a voluntad, a disgusto, por padecimiento. Bajo cualquier lectura, el elegir cagarla como estilo de vida te permite tomar un camino distinto cada que te da la gana; despertar con un brazo colgando, reconocer el terreno rememorando la noche anterior y sensibilizarte a tal grado que reconozcas que traes las bragas puestas. O simplemente recomenzar una y otra vez a sabiendas que no lo harás de cero porque has vivido suficiente. ¿Vivir suficiente aplica para los que vivimos planos por temporadas y luego por bultos tumultosos?
Acabo de descubrir que la virilidad se esconde tras la admiración que se le puede tener a un líder moral como Batman. Que una de las sensaciones mas agradables de la vida es rodearle el estómago con el brazo y ponerle la boca en el hombro, o rascarle la nuca.
Ví morir a una persona en Lázaro Cárdenas y lloré todo el día de ayer, dice Carlos que se me rompió la normalidad, que se me enfermó la cotidianidad y está tosiendo flemas con sangre.
Mi vida ya cambió y me aterra saber que sigo en fachas.