October 2010
11 posts
Supongo que no habla muy bien de esa persona ser recordada con ésta melodía.
La neurosis también se mide por marcas, hasta las vacas sagradas en educación ambiental son débiles ante el influjo de una etiqueta levi’s en sus pantalones. “Yo solo fumo Marlboro blancos” dice una postadolescente de tacones rosas Ferragamo y bolsa Fendi; seguro Philip Morris se revuelca desde la tumba al saber en donde terminaron el sus cigarros del western.
Asociaciones directas: Channel y Karl Langerfeld, galletas Ritz de Nabisco y saciar el hambre nocturna, calzado infantil Elefantito y José Villalobos, cualquier gadget de Apple y la pérdida de mi virginidad, el jabón Zote y las tobimedias de la primaria, intrumentos Selmer y mi inconstancia, Gaseosa Orangina y Bélgica, Batman y la obesidad mórbida, mencionando que Alfaguara o RandomHause me remiten inmediatamente al amor desbordado, entre miles.
Dicen también que la industria del porno cambió para siempre la idea del collar de perlas, por lo pronto, yo quiero éste.
Casi nada que decir al respecto; los idilios a distancia pueden causar crisis nerviosas, donde descuidos tan ínfimos como distraerse durante una llamada telefónica con el personaje en cuestión, pueden ser una inagotable fuente de suspicacias. Se asoma ese demonio perdido en la oscuridad del closed, el stalker maldito, que sabemos es tan carismático como Leprechaun, para volvernos cada vez mas miserables. Todos somos hijos del xanax.
Los encuentros carnales podrían solucionarlo todo, una conversación postcoito se vuelve un remedio infalible para curar las heridas o llegar a acuerdos mientras no te pongas los calzones.
Baudrillard, Sartre y Simone de Beauvoir hicieron pedazos mi vida amorosa.
“No tenemos salvacion y ademas no queremos ser salvados, lo cual no importa porque de todos modos no podemor ser salvados.” Fidel Velazquez en concierto para clavicordio Op. 129 en G minor.
Exactamente el año de 1990 dejé atrás la infancia, lloré por dos noches enteras al darme cuenta que existe todo un mundo del que no se puede tener control; años después (de 1993 a 1996) me escondí en las absurdas pesadillas recurrentes que me mantenían en introspección constante, tratando de descifrar códigos tan esquizoides como los que perturbaban a John Nash; siguieron los grupos católicos, misioneros y retiros Jesuitas… puro onanismo mental; hay cosas que no se explican, punto.